jueves, 15 de diciembre de 2016

#Aurelia: El amor en los tiempos del cólera

No, no me ha dado ahora por parafrasear a grandes escritores. No, no voy a hacer un resumen o una crítica literaria sobre el libro de García Márquez. Simplemente me vuelvo a ver en la necesidad de recurrir a este blog para intentar mostrar mi opinión sobre cómo se puede trastocar una gran historia de ficción.

Hace unos meses escribía una entrada sobre el fenómeno #Aurelia y su repercusión en las redes sociales. Si bien entonces ponía por las nubes el acierto que había tenido Bambú Producciones y TVE a la hora de escoger una trama como ésta para una serie de época como es Seis Hermanas, ahora tengo que retirarle el mérito por los derroteros a los que la están llevando.

Antes de nada y sin ánimos de parecer demagoga, quiero aclarar que entiendo perfectamente que es una serie de televisión y que comprendo que los actores no tienen nada que ver en los caminos que guionistas, productores y demás encargados de las tramas deciden tomar. Pero lo que estamos presenciando desde hace unos meses con respecto a esta serie de televisión es totalmente incomprensible si miramos al pasado y analizamos los inicios.

En primer lugar, no puedo quedarme con ningún personaje de los que comenzaron. Y cuando digo quedarme me refiero a tenerle cierta simpatía. Bueno, miento, a Celia Silva se lo perdono todo (y Aurora Alarcón también), pero analizando desde fuera el resto del elenco, ninguno puede andar con la cabeza bien alta. Y eso que cuando comenzó la serie sentía predilección por Diana y Adela, pero es que hasta a ellas se las han cargado. El que no ha sido infiel, ha robado. El que no ha matado, ha engañado y se ha beneficiado. Las hermanas cada vez están más desunidas, apenas podemos verlas juntas y cuando las vemos, están discutiendo o hablando de nimiedades que nada tienen que ver con la fortaleza que, presumiblemente, tenían al principio. Los secundarios no se libran tampoco. Carlos se ha desdibujado, Raimundo ha caído en los malos hábitos, Rosalía ha perdido peso en la trama, Gabriel parece haberse convertido en protagonista (y eso que desde el principio me pareció el más prescindible), a Enrique se lo han cargado y Antonia está incompleta sin él... Y así podría estar hasta que se me acabaran las teclas. Pero para el colmo de males, la trama que más había conseguido captar mi atención se ha vuelto un esperpento por momentos. Ahora es cuando comenzamos lo interesante.

Celia cuida de Aurora en el hospital. Cultura en Serie
Una trama lésbica siempre es arriesgada, más aún cuando se te ocurre ambientarla en 1913 y la emites en la cadena pública con un gobierno de derechas. Entonces eres un crack del riesgo. Si coges a las chicas en cuestión y las dotas de una personalidad feminista y revolucionaria, además de otorgarles la bondad y la generosidad que las caracteriza, tienes un cóctel seguro para encandilar a la gente. Bien. Haces un personaje maravilloso como Celia, el cual piensas que jamás podrá estar con alguien tan increíble como ella y vas y te inventas una Aurora que, no sólo ilumina su penumbra después del revolcón Petrelia, sino que además le da una bocanada de aire fresco y le quita pudores. Las haces sufragistas, las haces luchadoras, las haces adorables y, claro, consigues que centenares de seguidores creen un batallón que iría hasta el fin del mundo comentando sus aventuras. Correcto. 

Y entonces llega un día y decides que les vas a quitar el buen rollo y coges a Aurora y se te ocurre inventarle una deuda familiar para que se escape a Cáceres y se case por obligación. Errorrrrrr. Bueno, no pasa nada, era lo que se estilaba en 1913. Lo entiendes, no protestas y sabes que es una trama difícil para Celia, pero guardas la esperanza.

Pasan dos meses arduos que te parecen años de lo que ves sufrir a Celia. Y finalmente vuelve, casada (y embarazada, toma ya) y supuestamente hetero. Vale, piensas de nuevo, está fingiendo, no se puede cambiar un sentimiento. Y lo aceptas porque ves ese brillo que te dice "tranqui, nena, esto va a cambiar". Y cambia, vuelves a ilusionarte, las ves felices y tú eres feliz. Entonces decides enrevesarlo más y haces aparecer al marido... Ok, no pasa nada, es cierto, en 1913 tienen la obligación de estar con su marido. Te inventas un follón de trama y, de la nada, la vuelves a hacer desaparecer, creando, en consecuencia, la desesperación de los aureliers... Vuelves a venirte abajo, pero recuerdas que si se fue una vez, volverá otra.

Y aquí es ya cuando empieza un poco el desastre. Aparece Velasco, un personaje que, en mi opinión surgió por si acaso y que se ha quedado ahí dando más coñazo que alegrías. Celia se encariña con él y se hacen super amiguis, hasta el punto que se confiesan sus condiciones sexuales. ¡Qué chachi! Así no se van a liar... Como es gay. Y entonces suspiras aliviada, aunque Aurora sigue sin aparecer... Y al tiempo, ocurre lo mejor, lo que llevabas esperando... Aurora is back. Y lo celebras como si te hubiera tocado el Gordo. Y te enteras de que Clemente está encerrado (ya te ha tocado la Euromillones) y piensas que al fin serán felices...

Pero de pronto surge la amistad con Marina y la unión mística de Celia y Velasco se intensifica. Te toca la moral, porque discuten más que se quieren, apenas se dan arrumacos y siempre están los superamigos en sus temas de conversaciones... La trama empieza a decaer, ya no hay rastro de sufragismo, ya apenas ves a Celia en clase, cosa curiosa teniendo en cuenta que es maestra y no detective, gracias. Aurora, en cambio, se convierte en adorabilidad en el hospital y sigues medio consolándote con la idea de que, al menos, están juntas y duermen en esa mini cama de Arganzuela.

Y entonces, para más Inri y por si echábamos de menos el tema Velasco, deciden casar a Celia con él. What? Vale, piensas, en 1914 (sí, ya ha pasado un año entre lío y lío), a veces se hacían matrimonios de conveniencia para tapar las condiciones sexuales. Pero ya te mosquea que la damnificada sea siempre Aurora y que Celia no repare en su dolor... Y cuando ya pensabas que te veías llamando a Celia señora de Velasco, parece que le llega el riego a quien le tiene que llegar y dan marcha atrás.

Vuelves a ver escenas cuquis y compruebas que Velasco sigue sin anillo de casado. Sonríes aliviada, pero vuelven los líos... Las pillan. Qué raro, ¿no? Si es que las cortinas son muy necesarias en esa casa y más si no quieren salir en periódicos. Las nenas deciden huir. Lo entiendo, son muchas las cosas que han pasado y piensan que en Argentina podrán vivir tranquilas lejos de miradas indiscretas. Errrrrrrrooooor de nuevo.

Y aquí es ya cuando piensas: que no, que no pueden meter la pata más, que las dejarán tranquilas... Será como Pepa y Silvia, ah no, que ahí muere una. Entonces será como Cristina e Isabel... Ah no, que ahí muere otra. Bueno, pues será como Ana y Teresa... Ah perdona, que ahí al final mueren las dos... Y ya empiezas a sudar porque tus temores se cumplen. Pasa un año y resulta que vuelven de Argentina porque Aurora ha contraído el cólera. Toma ya. Y claro, como en España la Sanidad está tan avanzada... pues deciden volver. Pero es que no contentos con ver a la pobre mujer sufrir, tenemos que hacerle creer que está así por haber elegido la decisión de ser feliz y vivir su amor con tranquilidad lejos de las miradas inquisitivas de la gente que las juzgó.

Y ahora me pregunto yo: ¿Qué mensaje pretendemos dar con esto? Puede que el final de Aurora no esté escrito y que finalmente no sea tan trágico como parece que va a ser, pero lo que están dando a entender con esta serie no está siendo precisamente un ejemplo a seguir. Por un lado tenemos a dos personajes luchadores, que se aman, que no han sido nunca infieles la una a la otra, que siempre han estado apoyándose, que son un ejemplo de cómo superar los obstáculos y que, además, otorgan visibilidad al colectivo LGTB y vamos y nos los cargamos. Y luego están personajes como, por ejemplo Salvador y Diana, que han tenido mil follones, que él ha sido infiel, que ella lo ha dejado de lado una y otra vez por la fábrica, que sí, se aman todo lo que tú quieras, pero siempre están a la greña... y les dejamos juntitos y con su prole. Maravilloso.

Sinceramente, hace tiempo venía observando que la serie estaba cayendo en audiencia y me resistía a creer que podía perderse de tal manera, pero es obvio que los guionistas no han sabido aprovechar el producto que tenían. El fiel reflejo de esta teoría es el tratamiento que le están dando a la trama Aurelia, que cada día se parece menos a lo que comenzó siendo. 

Por lo pronto, he decidido plantarme y me niego a ver el final de un personaje como el de Aurora, alguien por el que sentía una gran admiración solamente ampliable a la actriz que la interpreta (Luz, te queremos). Voy a coger YouTube y voy a empezar a ver en bucle los inicios de esta historia. Unos inicios en el que la esencia de estos personajes estaba intacta: las miradas hablaban, las sonrisas llenaban y solo con unos gestos podías estar viviendo feliz todo el día. Me voy allá donde el cólera sigue en Argentina y donde el amor sigue siendo puro.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Siempre...

Una persona nunca está preparada para despedirse de un ser querido. Suena pretencioso decirlo pero yo no estaba preparada para hacerlo contigo. Y, pensándolo esta noche, en la que ya no estás conmigo, siento que nos habías malacostumbrado como buena abuela que eres.
Sí, nos malacostumbraste a no pensar que algún día llegaría tu partida, a pensar que nunca nos dejarías. Te veíamos cada año, fuerte, vital, sonriente y llena de vida, sin mayor enfermedad que un poco de colesterol y con toda la energía del mundo. No estábamos preparados para un adiós tan rápido…
Tengo que decirte que no sólo nos has malacostumbrado, también nos has malcriado, a tu manera. Con tus cuidados, con tus besos de abuela, esos que retumban en las mejillas, pero también en los oídos. Nos malcriaste con tus canciones, con tus “¡Guap@!”, aunque para mí dijeras siempre “bueno, guapa no, pero es graciosa”. Hasta en eso había que quererte. Nos malcriaste con tus achuchones, con tus ocurrencias que compartíamos con todos y que a todos encantaban.
Te hiciste querer por propios y extraños, ya que siempre tenías una palabra amable para aquel que pasara por tu puerta. Hasta el más enfadado se iba con una sonrisa después de que le dedicaras alguna de tus frases. Por eso sé que te recordarán todos con cariño. Y es que no había persona en el barrio que no se quedara maravillada con tu bondad y con tu agilidad para, con tus 80 y pico buenos años, barrer y fregar la calle como si tuvieras 20. Ahora miro a esa esquina y la siento más vacía y triste sin ti, aunque ya hacía tiempo que te echaba de menos, cuando el peso de los años iba cayendo sobre tu espalda…
También tenemos tantas cosas que agradecerte… Aún en mi mente se agolpan los recuerdos de aquellas tardes que pasabas en la Avenida detrás de mí intentando hacerme engullir aquellos bocadillos de atún con tomate. “Res, que esta xiqueta no menja res”, decías. A la postre he conseguido llevarte la contraria y has conseguido que coma, bastante además. No dejo de pensar en las tardes que pasábamos en tu casa, en las canciones que me cantabas mientras me acurrucabas en tu regazo y conseguías que aquella polvorilla de niña se tranquilizara. Esas cosas hacían que no quisiera hacerme mayor… Aun así, hasta el final me las cantaste todas. Solamente lamento no haberte grabado nunca cantándolas y llevármelas conmigo. También recuerdo tus oraciones, tus Caminito de Belén de los viernes, tus “cuando tengas novio me lo presentas”, tus intentos de emparejarme con Juli, tus tortillas radioactivas (espectaculares igualmente), tus “uuuuuh, està maciça”, mientras me cogías del muslo, tus “donde vaya uno, vamos todos”…
Pues sí, Paquita, donde has ido tú hemos ido todos. Porque tú has sido y serás el pegamento de esta familia, el alma y el guía… Y ahora que ya no estás con nosotros, todos nos sentimos un poco más vacíos. Pero si hay algo que nos hace mitigar un poco el dolor de la pérdida es que hasta el último de los días has hecho lo que más querías. Has salido a comer con tu familia, has podido disfrutar de tus nietos y de tus bisnietos, has sonreído en todo momento a una vida que yo considero que ha sido bastante plena. Y aunque tu partida había sido casi anunciada en las últimas semanas, no queríamos dejarte marchar… Solo hasta que, desolados, comprendimos que el adiós era mejor que el sufrimiento.
Así que, aunque me cueste, intento no estar lo triste que pensé que podría estar. Porque sé que, técnicamente, soy afortunada de haber podido disfrutar de la mejor abuela del mundo. De la mujer que se ha desvivido por criarme, por hacerme mejor persona (siempre decías: “cariño, haz el bien y no mires a quién”), de aquella que se subió a dos cercanías, un tren, un metro para estar en cuatro ciudades distintas el día de mi graduación. La que se emocionó conmigo, la que ha estado en todos los momentos importantes de mi vida. También soy lo que soy gracias a ti. Y, por otro lado, también sonrío porque ya estás con tu marido, del que siempre decías que estaría diciendo “esta no ve encara, estarà dient ‘on s’ha ficat esta dona?”. Aquí vamos a estar pensándote siempre y, de cierto modo, nunca dejarás de estar con nosotros.
Mil gracias por ser mi abuela. Gracias infinitas por ser la mejor abuela del mundo, con tu carácter, pero la mejor que hemos podido tener. Y, sobre todo, gracias por todo lo que hemos vivido contigo. Siempre estarás a mi lado de alguna manera y espero que, estés donde estés, te sientas orgullosa de mí, porque he intentado aprender todo lo que he podido de ti. 
Y aquí termino esta carta que necesitaba escribir, una carta que no leerás nunca, pero que me sirve para, de alguna manera, dejarte marchar... Porque sé que no te hubiera gustado vernos pasarlo mal, porque sé que ha llegado el momento de mirar para adelante y recordarte con alegría, como tú eras... Quiero que sepas que nunca te olvidaré, güeli, bueno, creo que ya lo sabes. Y que, de alguna forma, siempre estarás en mí. Siempre.

viernes, 19 de febrero de 2016

#Aurelia: "Bendita locura que nos hace felices"

No soy muy dada a hacer este tipo de artículos sobre programas o series. Tal vez sea porque cada vez veo menos la televisión “en directo” o quizá porque la oferta actual no consigue llamar mi atención demasiado. Pero hace unos meses descubrí que mi supuesto escepticismo podía tener también sus excepciones y que existen joyas televisivas que deben ser contempladas y valoradas con cariño.

Imagen promocional de Seis Hermanas - RTVE
“Seis Hermanas” comenzó su andadura diaria en TVE hace más de 200 capítulos. Bajo el manto de un reparto de renombre y amparada en el prestigio que supone ser una ficción de Bambú Producciones, la serie de época no reparó en promoción para llegar al gran público. Cierto es que la franja horaria, la sobremesa, y el tinte de época de la serie no invitaban a la novedad y el riesgo. Pero la trama sí conseguía centrar la atención: mujeres fuertes navegando a contracorriente tras la muerte de su padre e intentando sobrevivir en un mundo de hombres allá por principios del siglo XX. El elenco era parte fundamental de su atractivo, y es que con nombres tan prestigiosos como Vicky Peña, Joaquín Climent, Juan Ribó o Kiti Mánver, y también con otros con tanto potencial como Marta Larralde, Álex Andróver o Celia Freijeiro, el éxito no podía escaparse. Pero, incomprensiblemente, la historia no conseguía enganchar a la audiencia con tanta contundencia como su predecesora en la parrilla diaria, "Acacias 38", que, a pesar de contar con menos presupuesto y, objetivamente, con una trama más floja, había logrado mejores cuotas de pantalla.

Un diamante llamado Celia Silva

Analizando la serie, algo por lo que se caracteriza “Seis Hermanas” es por la fortaleza de sus personajes femeninos. A Bambú Producciones no le es ajeno tampoco eso de dotar a sus mujeres de todo el peso de la trama de la historia y con esta serie no iba a ser menos. Todas y cada una de las hermanas Silva han demostrado o demuestran continuamente que no están dispuestas a que gobiernen sus vidas, algo muy transgresor teniendo en cuenta la época de la que hablamos. Pero, si debemos detenernos en alguno de los personajes, sin lugar a dudas, debería ser en Celia Silva, ya que, observando su trayectoria con detenimiento, es la que más ha evolucionado a lo largo de la historia.

Candela Serrat como Celia Silva - RTVE
Interpretado por la relativamente desconocida para el gran público Candela Serrat, Celia es la joya que todo guionista querría tener en su serie. Posee tantos matices que es capaz de mostrarse fuerte y vulnerable al mismo tiempo –no hablemos de la interpretación de Serrat, que necesitaría otro artículo para hacerle justicia. Celia ha pasado de ser una jovencita temerosa a llegar a cumplir su sueño de ser maestra. Comenzó con miedos y soportando las peores calamidades por su forma de ser y ha llegado a convertirse en una mujer segura de sus sentimientos y capaz de lograr todo lo que se propone. Y es que los guionistas se la han jugado bien con ella: primero por su deseo de querer estudiar, después por su condición sexual y por último con su interés por el sufragismo femenino. Todo un pack que hace que Celia Silva sea la perita en dulce de aquellas que buscan luchar por lo que quieren.

Pero si Celia ha evolucionado tanto, también es porque ha jugado un papel muy importante la llegada de Luz Valdenebro a esta ficción, ya que su personaje Aurora (seguimos desconociendo su apellido), ha dotado al de Candela Serrat de una inusitada fuerza, sumergiéndola en el mundo del sufragismo y ayudándola a sobreponerse de las acusaciones de enfermedad por su lesbianismo. Las actuaciones que ambas nos han brindado en la pequeña pantalla han hecho que muchas personas se hayan sentido identificadas y crearan un movimiento en Twitter que no solamente está destinado a comentar la serie, sino a realizar amistades independientemente de su procedencia geográfica. Los vídeos de ambas han sido traducidos a varios idiomas y se han creado historias paralelas para el disfrute de los seguidores. Toda una revolución cibernética que ha llegado hasta las mismísimas protagonistas, quienes interactúan con los seguidores a través de Twitter siempre que pueden.

Movimiento #Aurelia

El desarrollo de la historia de Celia y Aurora fue creando proporcionalmente la aparición del movimiento #Aurelia (Palabra surgida de juntar Aurora y Celia). Pero, a medida que la trama avanzaba y que los problemas entre ellas aparecían, el Ejército de Aureliers vio cómo el personaje de Aurora desaparecía de la pantalla. Tal repercusión tuvo la marcha de Luz Valdenebro de la serie que se crearon hashtags diarios en las redes sociales pidiendo su vuelta a la ficción de Bambú. Nunca sabremos si su regreso tuvo que ver con el revuelo suscitado, pero lo cierto es que Aurora está de vuelta y su historia está más viva que nunca.

Celia y Aurora en una escena de la serie - Cultura en serie
A pesar de que cuentan con cientos de seguidores que las apoyan y que consideran a sus personajes los más ricos en matices de la serie, también existen detractores que no se sienten partidarios de ver la historia de amor de estas dos mujeres en televisión. Ya sea por la franja horaria, por el contexto histórico o tal vez por el hecho de que sea emitida en TVE –que parece que no puede emitir ciertas cosas por ser la pública- hay voces críticas capaces de decir que no debería continuarse con la historia de Aurelia.

De cualquier manera, lo que es cierto es que la homosexualidad no entiende de épocas ni de franjas televisivas. Y es que si algo han conseguido ambas actrices con sus soberbias interpretaciones, aparte de hacernos más entretenidas las tardes, es lograr que la homosexualidad, que en aquella época era impensable, sea considerada, al menos, como invisible. Y que en esta época lo que algunos piensen que se deba quedar en la invisibilidad, ahora sea reconocido y visible. Porque no existe una historia llevada a cabo con tanta dulzura, cariño y dedicación que la historia de Celia y Aurora. Y aunque haya críticos que quieran alzarse, solo por todo lo que han logrado suscitar a sus seguidores, deberían sentirse satisfechas. 

Tengo claro que si a los Aureliers les preguntaran qué piensan de esta historia, contestarían lo mismo que Celia le dijo a Francisca el día que supo que amaba a Aurora: “Bendita locura que nos hace felices”.

martes, 11 de septiembre de 2012

(X) 26. La cita

- O sea, que esto es un libro. 
- Sí, bueno, al menos la primera parte… La otra no sé, pero será cuestión de mirarlo, ¿no? 
- Claro… Después de desayunar iré a ver de qué se trata –Raquel carraspeó y se cruzó de brazos – Está bien, iremos. 
- Eso está mejor. 

Raquel y Silvia desayunaron en una exhalación, estaban demasiado ansiosas por ver qué decía ese libro y por seguir descubriendo lo que Ángela les quería contar. Fueron las primeras en terminar y, en cuanto pudieron, fueron corriendo a la biblioteca. De camino se encontraron con la directora. 

- ¿Se puede saber qué prisas son esas? –preguntó de mala gana. 
- Nada, nada. Solamente queríamos ir a la biblioteca –contestó Raquel. 
- Pues con tranquilidad, que a veces os tengo que reñir como si fuerais niñas de colegio – cogiendo del brazo a Silvia- Espera. Tú y yo tenemos que hablar. Luego te quiero en mi despacho. 

Silvia asintió y la directora las dejó marchar. Enseguida llegaron a la biblioteca. Se pararon ante la puerta y se miraron expectantes como decidiendo quién abriría y quién entraría primero. Se sonrieron y pasaron casi al mismo tiempo por la puerta. Rosa, la celadora que solía estar en el lugar, se quedó mirándolas atónita. 

Raquel se adentró en los pasillos de la biblioteca, se la conocía a la perfección y sabía exactamente en qué lugar estaba cada tipo de publicación o libro. Silvia la seguía de cerca mirando cada uno de los ejemplares que se apilaban majestuosos en los distintos estantes. Tardaron poco en llegar a la estantería con el número 528. 

Raquel seguía ensimismada en la búsqueda y pronto dio con el libro en cuestión. Al cogerlo se quedó mirándolo, el título le impactó. 

 - ¿Qué pasa? –preguntó Silvia. 
- Mira qué libro es –se lo tendió. Silvia lo cogió y vio que en letras doradas ponía: “Sagrada Biblia”. 
- Venga, ¿en serio? 
- Esto se está empezando a parecer al Código Da Vinci –y se echó a reír. 

Su carcajada fue reprimida rápidamente por Rosa con un chistido. Silvia cogió el libro y se sentó junto a Raquel en una mesa. 

- ¿Qué decía el resto del número? 
- Mmmm, DT28:20. 
- Entonces es que tenemos que buscar en los capítulos –empezó a mirar el índice- DT es Deuteronomio. 
- No pensaba que sería tan fácil –susurró. 
- Tampoco es que Ángela fuera una lumbrera para los enigmas –dijo mientras ojeaba entre las páginas buscando el capítulo adecuado. 
- Paz a los muertos –le regañó. 
- Sí, sí… que estamos ante la Biblia –contestó con una mueca. 

Raquel encontró el capítulo adecuado y luego se dispuso a hacerse con el versículo. Silvia estaba que se subía por las paredes y la instaba a que se diera prisa. Al fin dieron con el texto en cuestión y se encontraron lo siguiente: 

DEUTERONOMIO. Capítulo 28, versículo 20:
“Enviará el SEÑOR sobre ti maldición, confusión y censura en todo lo que emprendas, hasta que seas destruido y hasta que perezcas rápidamente, a causa de la maldad de tus hechos, porque me has abandonado”. 

Raquel y Silvia se miraron confundidas. La cosa se iba complicando por momentos. 

jueves, 6 de septiembre de 2012

(X) 25. 528.21/DT28:20

Silvia cogió el papel y lo miró antes de abrirlo. Su nombre estaba escrito en el dorso de esa pequeña hoja. Estaba doblada varias veces de forma poco cuidadosa, como si lo hubieran hecho rápidamente. Fue desplegándola y la estiró esperándose una gran nota de despedida o algo similar. Pero no fue así. La hoja estaba en blanco, solo tenía una pequeña frase en la esquina inferior izquierda que decía así: 

528.21/DT28:20 

No había nada más. Le dio la vuelta a la hoja y no encontró nada, solamente su nombre, el cual se quedó mirando hasta que pudo reaccionar. Volvió a darle la vuelta para mirar aquellas letras y números agrupados. No le decían nada en concreto. Ni siquiera le sonaban. ¿Para qué Ángela le habría dejado esa nota? ¿Qué le estaba tratando de decir? El doctor Rivero se mantenía expectante a su lado esperando a que le dijera qué había en la nota. 

- ¿Y bien? –le preguntó presa de la curiosidad. 
- Mírelo usted mismo –le tendió la nota. 

El doctor la cogió y la tuvo varios minutos en su mano. Fruncía el ceño sin saber qué significaban aquellos números. Se frotó la cabeza y anduvo de un lado al otro intentando encontrarle alguna explicación a aquel enigma. 

- No entiendo nada. 
- Yo tampoco, doctor –decía desilusionada- ¿Para qué me habrá mandado esto? ¿Qué puede ser? 
- ¿Una contraseña? 
- ¿De dónde? Aquí no hay nada con contraseña… Es que no sé –movió la cabeza de un lado al otro. 
- No sé, Silvia, a mí todas estas cosas siempre se me han dado mal. 
- Pues a mí no me gustan los enigmas, nunca se me han dado bien. 
- Silvia –le dijo con suavidad- no te metas en más problemas… 
- Pero… 
- Pero nada. ¿No has aprendido la lección? 

Silvia asintió con tristeza. Le cogió el papel al doctor, lo miró por última vez y lo tiró a la papelera. El doctor le sonrió en señal de apoyo. 

- Has hecho lo correcto. 
- No lo sé, doctor… 

Aquella noche Silvia no bajó a cenar. No tenía el cuerpo para comer nada. Desde lo de la nota, se había quedado encerrada en su celda pensando en todo lo que podía significar. Aunque había tirado la hoja a la papelera, aquellos números se le habían grabado a fuego en la cabeza. 528.21/DT28:20. 

Intentaba averiguar de dónde podría sacar la respuesta. Este enigma no era como aquellos crucigramas que se encuentran en los periódicos, no se podían consultar las soluciones al final de la página. Apuntó el número en una hoja que había tomado de la enfermería y empezó a hacer sus cábalas intentando adivinar de dónde podría salir aquella clave. Estuvo pensando y pensando hasta bien entrada la madrugada, cuando finalmente le venció el sueño. 

A la mañana siguiente, Raquel esperaba a Silvia en la puerta del comedor. Le preocupaba que no la hubiera visto desde que el doctor Rivero las interrumpió en la enfermería. Cuando no la vio en la cena, pensó en ir a su celda a ver si le pasaba algo, pero quería darle su espacio. Entendía que todo lo ocurrido con Ángela y la reconciliación entre ambas habían sido muchas emociones para ella. Pero hoy quería comprobar que su amiga estaba bien, porque, a pesar de todo, sabía que algo ocurría. La forma en que el doctor Rivero entró en la enfermería no fue síntoma de normalidad. 

Silvia apareció por el pasillo y Raquel le sonrió desde la distancia. Su amiga no le devolvió la sonrisa con tanta calidez, pero correspondió el gesto a su manera. Raquel se dio cuenta de que venía cansada, las ojeras poblaban sus ojos y la preocupación estaba anidada en su rostro. 

- ¿Qué te pasó anoche? –le preguntó. 
- Nada, estaba cansada y no tenía hambre… -contestó con sequedad. 

Raquel la tomó del brazo antes de entrar al comedor y la apartó hacia un lado. Silvia abrió los ojos de sorpresa ante ese gesto de su amiga. 

- Por favor –dijo suavemente- no vuelvas a apartarme de tu lado. Sé que me ocultas algo y no quiero que me dejes en la inopia. Hay algo, así que compártelo conmigo. 
- Está bien –contestó tras unos instantes de reflexión- Tienes derecho a saberlo, pero promete que no me juzgarás… 
- Lo prometo. 

Silvia le tendió el papel y le explicó que esa frase era la que había en la nota de Ángela. También le explicó que había estado toda la noche intentando saber de dónde venía. Raquel la cogió y la leyó. En un segundo la miró y se echó a reír a carcajadas. 

- ¿Me estás diciendo que esto te ha tenido toda la noche en vela? –seguía riendo. 
- Sí, ¿por? –contestó molesta. 
- ¡Cómo se nota que no lees nada! –le dio un palo en el brazo- Niña, esto es de un libro de la biblioteca. ¿Ves? 528.21… esto es la nomenclatura de los libros que tenemos allí. 


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